Después del Concierto, Bee Gees en Buenos Aires, Argentina
La Noche Triunfal de los Bee Gees
Antes, los espectadores que decidieron llegar más temprano al estadio, situado en Brandsen y Del Valle Iberlucea, presenciaron el interesante show de la banda argentina Memphis La Blusera, liderada por el vocalista Adrián Otero, que actuó como telonera.
El recital de anoche constituyó la primera y única presentación en la Argentina de los Bee Gees y formó parte de la gira, denominada One Night Only, que el grupo realiza por ciudades de Irlanda, Inglaterra, Nueva Zelandia, Australia Sudáfrica y la Argentina.
El público, incondicional de la banda desde la mítica "Massachusets", disfrutó con la nostalgia de un volver a vivir con todos y cada uno de los temas interpretados por los creadores del falsete.
De a poco, el calor fue creciendo. Durante la primera parte del Show, uno de los temas que colaboró para aumentar la euforia entre los que coreaban y bailaban fue "Night Fever".
En ese momento, en las tres pantallas gigantes de video se proyectaron escenas de la película "Fiebre de Sábado por la Noche", a cuya banda de sonido pertenece el tema.
El grupo homenajeó a las madres argentinas en su día, y les dedicaron la canción "Words", uno de los clásicos románticos de la década del 60.
El público, entre el que predominaban parejas de entre 30 y 45, muchas de ellas con sus hijos, coreó las letras de casi todos los temas, siguió el recital con la alegría de haber podido presenciar en vivo la actuación de uno de los grupos que son infaltables a la hora del revival.
Para el final quedaron los temas "Manteniéndose Vivo" y "Grease", de las bandas de sonido de las películas "Fiebre de Sábado por la Noche" y "Grease", ambas protagonizadas por John Travolta.
Al final de la noche, las gargantas habían quedado afónicas de cantar canciones que habían marcado los años de juventud de la mayoría de los espectadores. La nostalgia pudo más…
(Diario La Nación / lanacion.com 18/10/1998)
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FIEBRE
DE SABADO POR LA NOCHE: RECITAL EN LA CANCHA DE BOCA
Los Bee Gees emocionaron y divirtieron a miles de fans
La edad promedio del público era de 35 años
· Algunos se
pusieron la ropa de los años 70
· Esperaron con
calma a la banda de los hermanos angloaustralianos
· Aplaudieron
mucho y bailaron con su música disco
Cuando los
tres hermanos Gibb -Barry y los mellizos Maurice y Robin- dieron el último paso
hacia el escenario, las 50 mil personas que los aguardaban parecieron
despertar. Un público hasta entonces calmo, a las 21.05 se puso por fin de pie
y empezó a aplaudir a este trío de angloaustralianos que visitó por primera vez
la Argentina.
Después de los
blues y boogies propuestos por Memphis La Blusera -los teloneros-, los Bee Gees
tomaron por asalto el escenario acompañados por su banda: Alan Kendall y Tim
Cansfield (guitarras), Steve Rucker (batería y percusión), Ben Stevers y John
Merchant (teclados), Matt Bonelli (bajo). Y ante el primer falsetto, el público
les brindó el eco de su fervor, de su larga espera y, sobre todo, de sus
recuerdos. El promedio de edad de la gente era de no menos de 35 años. Algunos
llevaron las prendas clásicas de la época: pantalones pie de elefante, camisas
de cuello ancho, sombreros a lo Barry Gibb.
Otros, más
jóvenes, fueron de jeans, remera y suéter. Y unos pocos, especialmente en el
sector VIP, donde las entradas valían 300 pesos, estaban de saco y corbata. Los
Bee Gees nacieron formalmente en 1967. A lo largo de su extensa trayectoria,
vendieron más de 100 millones de discos y cosecharon siete premios Grammy. Este
concierto, titulado One Night Only, también abarca shows en Irlanda,
Inglaterra, Australia, Sud Africa y Nueva Zelanda. Una fiesta, la noche fue
ideal: repleta de estrellas, sin mucho frío ni mucho calor. Exactamente a las
21, la Bombonera quedó a oscuras. Ahí fue cuando la gente, que había esperado
pacientemente en sus lugares, se puso de pie para darle a los Bee Gees la
bienvenida a la Argentina.
Sin embargo,
por unos segundos esa inmensa expectativa se tradujo en silencio. La pantalla
gigante que estaba en el medio del escenario cambió su color rojo por una
sucesión de fotografías, todas en tonos sepias, de los hermanos Gibb. Y a las
21.05 aparecieron, vestidos de negro de pies a cabeza. Barry tenía una guitarra
acústica azul colgada del cuello, que luego cambió por otra. Maurice estuvo con
su clásico sombrero negro. Y Robin, con los anteojos de vidrio azules de
siempre. Primero fue el turno de You Should be Dancing, que dio paso a Alone y
a Massachusetts. La mayoría de la gente siguió la primera parte del recital
sentada. A diferencia de lo que sucede en otros conciertos -incluido el de los
Back Street Boys, hace un mes en esta misma cancha- los fanáticos apenas se
movían de sus lugares. Tampoco hubo demasiadas banderas, salvo por alguna con
los colores argentinos que terminó en las manos de los músicos.
Pero con el
correr de los minutos el público también entró en calor. Es que los recuerdos
fueron agolpándose al mismo ritmo que se sucedían las canciones. Cuando sonó
Word, cantada por Barry, todos corearon y aplaudieron. Y no pararon más, hasta
las 23.05.Uno de los momentos más emocionantes de la noche lo marcó Our Love
(Dont Throw it All Away), el tema en homenaje al menor de los Gibb: Andy, un
cantante solista que murió hace una década, a los 32 años. Cuando terminaron,
la gente se paró y aplaudió durante un minuto.
Con Night
Fever comenzó, definitivamente, el baile que muchos esperaban. Ese tema de los
años setenta fue acompañado -como no podía ser de otro modo- por las imágenes
de la película Fiebre de Sábado por la Noche, en la que John Travolta y Olivia
Newton John inmortalizaron el estilo música disco. Clásicos y románticos. Pero
el baile no se detuvo en esa canción. Los Bee Gees, conocedores de los gustos
de su público, siguieron adelante con More Than a Woman, otro de los hits de
los setenta. Hasta que el estadio explotó con Stayin Alive. También tocaron sus
mejores baladas y canciones románticas, como New York Mining Disaster 1941. Y,
para no dejar de lado ninguna época, condensaron otros 16 temas en una especie
de popurrí. How Deep is Your Love, For Whome The Bell Tolls y I Started a Joke,
dos famosos lentos, fueron acompañados con encendedores y brazos balanceándose
a un lado y otro.
El concierto
duró las dos horas prometidas. La desconcentración de la gente fue normal.
Excepto por el hecho de que muchos de los fanáticos se fueron de la Bombonera
ensayando cierto pasito de baile. Ese que, acompañando el movimiento con el
dedo índice, los Bee Gees inmortalizaron hace dos décadas.

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